La oscuridad de la noche los abrazó.
La fogata les proporcionaba un poco de luz y apaciguaba el frío. Leila yacía recostada boca arriba, profundamente dormida. Casi les arrancaba la cabeza a todos los machos, nada de lo que hacían le parecía correcto, su genio era horrible, una fiera fuera de control. Con el único que se contenía era con el alfa.
Mientras que la vidente dormía hecha un ovillo, cubierta por la capa de Noah. En todo el trayecto se le vio cansada y débil.
Cassian apartó su vista