Noah le había planteado la situación a Cassian. El consejero primero comenzó a reír, una risa cortante y vacía que resonó en la quietud del lugar. Esa declaración era un chiste tan gracioso como cruel.
—¿Qué es lo divertido? —Noah lo miraba con el ceño fruncido; sus facciones se tensaron.
—¿Qué es lo divertido? —repitió Cassian entre risas, aunque su sonrisa no alcanzaba sus ojos—. ¿Quieres decirme que la única ventaja que teníamos contra el enemigo ahora está opacada por el ansiado cachorro de