Leah se quedó quieta. Muy quieta. ¿Qué se hacía en esos casos?
Carraspeó en un intento por deshacer el nudo de su garganta. Y dio media vuelta. Porque si él no la quería cerca, ¿de qué servía insistir?
Lo hizo tantas veces en el pasado y solo recibía más insultos. Así que lo mejor era irse.
No había dado ni el primer paso, cuando Noah la sostuvo del antebrazo.
—No —dijo simplemente. Sus ojos estaban muy abiertos, algo vidriosos y no los podía apartar de ella. No quería que se fuera. Por eso sie