Leah y Cassian cruzaron el último tramo del sendero. El suelo se volvió más firme, salpicado de raíces, barro seco y piedras afiladas. Al fondo, las primeras casas de madera aparecieron entre la neblina. El olor a humo, sudor y carne cocida les golpeó directo en la nariz. Humanos.
Cassian caminó delante de ella, pero de reojo la observaba. El rostro de Leah hablaba solo. Estaba afectada, devastada por la partida del alfa. Sus ojos no enfocaban, su respiración era errática. La loba ni siquiera i