Cassian observaba cómo la banda de lobos extraños aumentaba en número. Uno tras otro salía de entre las sombras con ojos vacíos. Tragó saliva.
«Solo esto faltaba… la puta mierd*», maldijo su suerte.
El lobo híbrido, de piel curtida y mandíbula definida, extendió la mano y tomó la de Leah. Lo hizo con una delicadeza inquietante, casi reverencial. Aspiró su aroma, cerró los ojos con lentitud y luego los abrió con sorpresa.
—Eres una loba pura —murmuró como si eso fuera imposible.
Leah retrocedi