—Él… no sospecha de mí. Por ahora, me conviene seguir “bajo sus órdenes”.
Leah agachó la cara. Aquella afirmación provocó una punzada en su pecho. No le parecía justo que Noah se sacrificara de ese modo por ella.
—No. No quiero que vayas… por favor, alfa Noah —Leah apretó su agarre, desesperada por persuadirlo.
Noah se mantuvo firme. La tensión en su mandíbula evidenció que aquella decisión no resultaba fácil para él.
Cassian, sentado cerca, observó en silencio. Sus ojos se entrecerraron. No n