Cassian soltó una carcajada tan fuerte que algunas personas giraron a verlo.
—Eres cruel, Noah… —dijo entre risas—. Cruel hasta con tus bromas.
Noah no respondió. Solo entrecerró los ojos y apretó los labios, sin saber qué decir.
Cassian chasqueó la lengua.
—Duerme bien, L-Leah. Nos espera un largo trayecto. —Lo equivalente a: no sabemos a dónde iremos, pero será muy lejos.
Leah asintó, nerviosa. Y fue detrás de la anciana que le daba indicaciones sobre los cuartos.
Antes de llegar, la mu