El lobo desconocido posó uno de sus largos dedos en la mejilla de la delgada loba.
Un pequeño destello azulado salió de su dedo índice y en menos de un segundo Leah se encontraba inconsciente bajo el río.
El desconocido la carga sin mucho esfuerzo. Gracias al agua el rastro de su olor desapareció.
Avanzó deprisa, pero con el sigilo propio de un depredador.
Unos minutos después se encontró con otros tres lobos.
—Miren que cosa tan bonita me encontré por allá. —Acomoda a Leah en el suelo de tal m