El lugar se encontraba demasiado silencioso; de no ser por la sombra reflejada en las lámparas de vidrio se pensaría que no había nadie.
—Ezra —Noahlím intentó que su tono sonara casual, aunque el conflicto entre ambos todavía latía en el aire.
Él la miró unos segundos y después volvió a sus tareas.
—¿Qué se le ofrece? —preguntó mientras le daba la espalda y acomodaba los vendajes limpios.
—¿Cómo estás?
—Me siento igual que todos los días —encogió los hombros; un dejo de cólera acumulada acompa