Unos pasos retumbaron sobre la grava húmeda. Leah contuvo el aire.
El corazón le latía sin control; su cuerpo temblaba.
«Por favor, que no sea él…», gritó desesperada una vocecita dentro de su mente.
Lucian.
Si era él…
Si la veía con esos lobos extraños... la iba a destruir. Sin pedirle explicaciones, sin razonar, solo obtendría su furia.
Los ojos se le llenaron de pánico. Escuchó otros dos pasos de los forasteros.
El primer lobo se sorprendió al ver ese cambio abrupto en ella. El otro la