En la habitación del hospital, Vera observaba en absoluto silencio mientras la enfermera cubría el cuerpo de Armando con una sábana blanca.
Sabía muy bien que, Armando ya había dejado claro su testamento: el Grupo Herrera y todos los bienes de la familia irían a parar a manos de Augusto y Lidia. Incluso si Diego aparecía, no recibiría nada de la fortuna.
Por dentro, Vera no podía evitar sonreír maliciosa al pensar en todo lo que había planeado.
Flavio llegó angustiado al hospital desarreglado. E