Esperó una hora antes de despertar a Diego.
Abrió los ojos, algo desorientado al principio, pero en cuanto vio a Marina sentada a su lado, una suave sonrisa se dibujó en su rostro.
—Diego, te preparé sopa, come un poco.
—Está bien.
Diego asintió y se levantó para sentarse.
Marina rápidamente lo ayudó a recostarse en el cabecero de la cama.
Tomó la sopa y, con la cuchara, empezó a dársela.
Diego miró hacia abajo, probó un poco y, en tono juguetón, dijo:
—Marina, ¿desde cuándo te volviste tan cari