Estos días, Verónica no se apartaba de la entrada del hospital. Siempre que tenía un ratito libre, se sentaba en una de las sillas afuera.
Sus ojos seguían, con esperanza, los autos que pasaban.
En su interior, aún mantenía la esperanza de ver a Diego nuevamente.
La operación de Aitor había salido bien, pero ella seguía con trabajo y no podía tomarse mucho tiempo libre. En un par de días tendría que regresar a Valderon.
Un auto negro se detuvo frente al hospital.
El corazón de Verónica dio un vu