La luz suave de la tarde entraba por las ventanas de la oficina, iluminando los papeles sobre la mesa. Marina estaba concentrada, leyendo algunos documentos cuando escuchó a Fernando decir que Luna había llegado a buscarla. Se sorprendió un poco, pero rápidamente recuperó su compostura y contestó con calma.
—Que suba, por favor.
Pocos minutos después, la puerta se abrió suavemente y Luna entró con una caja térmica en las manos, sonriendo mientras se acercaba.
—¿Cómo es que viniste tú sola? —preg