Leticia había estado esperando con ansias el regreso de Luna.
Tan pronto como Luna entró, Leticia se acercó corriendo, pero al ver su rostro serio, sintió que su corazón se estrujaba. Era claro que la conversación no había ido bien.
—Lo de Marina ya no tiene solución —dijo con seriedad Luna, soltando un suspiro pesado—. Ahora debemos centrarnos en conseguir la custodia de Lidia y Augusto.
Leticia forzó una sonrisa amarga y, con tono resignado, murmuró:
—Armando no va a aceptar esto.
Luna suspiró