—¿Entonces me buscas solo por esto? Si es así, lamento decirte que no puedo ayudarte —respondió de manera tajante, sin dar espacio alguno a más explicaciones.
No intentó suavizar la situación en lo absoluto.
Luna la miró fijamente con una sonrisa llena de burla total.
—Señora Zárate, tú también tienes una hija. Si fuera ella, ¿serías capaz de enviarla al extranjero, sabiendo que jamás la volverías a verla?
En ese preciso instante, el camarero le sirvió el café a Marina. Ella dio un ligero sorbo,