Dejó el vaso de jugo sobre la mesa y, con una sonrisa encantadora, exclamó:
—¡Vaya! Ese traje te queda perfecto, tiene un toque único.
—Eres una halagadora, vamos ya —respondió Luna, con una leve sonrisa.
Leticia, sin perder su expresión, le guiñó un ojo y añadió:
—Solo, te estoy diciendo la verdad.
Esa noche, la obra de teatro se llevaba a cabo en una galería de arte.
Al salir del teatro, justo antes de llegar al auto, Leticia revisó su bolso.
—Espera un momento, Luna, voy a buscar mi celular.