Marina no anticipaba que Diego la llevara a la playa.
—Esperaremos hasta mañana para contemplar el amanecer.
Él había instalado una tienda de campaña junto al mar, iluminada por una enorme lámpara colgante y rodeada de una fogata en la arena.
Marina apoyaba la barbilla en su mano, observándolo de cerca trabajar sin camiseta.
Le faltaba sofisticación, pero le sobraba carisma.
De vez en cuando, el suave murmullo de las olas se hacía presente.
Marina llamó a Yolanda para informarle que no regresarí