Mientras la pasión, el amor y el consuelo dominaban la habitación de hotel donde Verónica y Mauricio se entregaban el uno al otro, una atmósfera completamente oscura y violenta se respiraba en la mansión De La O. Al otro lado de la ciudad, los muros de piedra de la propiedad parecían temblar ante el regreso de su dueño.
Rodrigo llegó a la mansión hecho un demonio, con el pómulo inflamado por el golpe de Mauricio y el orgullo hecho pedazos por el altercado en el tribunal. Entró pateando las pu