—¡Abre la maldita puerta, Rodrigo! ¡Abre ahora mismo o la tiro abajo! —rugió Mauricio desde el pasillo, golpeando la madera con una fuerza descomunal que hizo eco en todo el sector del tribunal.
Adentro del baño, Rodrigo escuchó los feroces impactos y maldijo entre dientes. Sabía que si Mauricio derribaba la puerta en pleno edificio de justicia, el escándalo sería monumental y arruinaría su estrategia. No le quedó de otra que soltar a Verónica con desprecio, acomodarse el saco de su traje y q