En ese preciso momento, la puerta de la suite se abrió. Marta venía entrando con Santiago, a quien había llevado a dar un paseo para comprarle unos juguetes nuevos y comer helado. El pequeño traía una enorme sonrisa, pero al notar la intensa emoción que flotaba en el aire y las lágrimas de felicidad en los ojos de Verónica y Mauricio, se detuvo, curioso.
—¿Qué pasa? —preguntó el niño con su vocecita inocente, mirando a los dos adultos.
Verónica se levantó del sofá de un salto y corrió hac