Rodrigo de la O no era un hombre que se quedara de brazos cruzados viendo cómo su orgullo era pisoteados. Utilizando todo su dinero e influencias, logró acelerar los trámites en la fiscalía. La orden de captura y la demanda penal por secuestro en contra de Verónica y Mauricio ya estaba firmada. Rodrigo vigilaba el proceso desde su oficina, saboreando por adelantado su venganza.
Ajena al peligro inminente, Verónica vivía los días más hermosos de toda su vida dentro de la suite del hotel discre