—Majestad —dijo Paolo, inclinando la cabeza con respeto ante el rey—. Los hombres de la guardia de la ciudad han tomado el control de los accesos. El pueblo en la plaza se ha calmado por ahora, pero exigen saber el estado de la corona y la veracidad de las acusaciones.
—Lo sé, Paolo —suspiró Lamderson—. Pero antes de dar explicaciones a la multitud, debo cerrar la herida en el corazón de esta casa. Selena... acércate.
Selena avanzó con paso vacilante pero firme, evitando la mirada de Christ