La luz dorada del sol naciente comenzó a filtrarse por los ventanales del Gran Salón del Trono, disipando la niebla que durante semanas había ahogado a la fortaleza. El olor a humo y a óxido comenzaba a desvanecerse gracias a la brisa que entraba desde el mar.
En el centro del salón, frente al solio de la casa de Acasias, el rey Lamderson permanecía sentado. A su derecha se hallaba Paolo, vistiendo su capa de gala sin la espada desenvainada, y a su izquierda, don Gervancio, cuyo rostro refl