Después de la fuerte discusión que tuve con Diego, tomé la decisión más radical de mi existencia: renuncié formalmente a la herencia de don Marcos. Sabía perfectamente que iba a ser pobre otra vez, que me tocaría empezar desde abajo y ganarme el pan con el sudor de mi frente, pero estaba completamente segura de que sería mil veces más feliz lejos de tanta podredumbre.
Les entregué en bandeja de plata su amada herencia, firmé los papeles y, de inmediato, le exigí el divorcio a Diego. Al princ