Tomé una bocanada de aire, me armé de un valor que ni yo sabía que existía en mi interior, y abrí la puerta de golpe, saliendo al pasillo.
-¿Qué se supone que hace aquí todavía? -le pregunté con tono firme, aunque por dentro rezaba para que no se me cortara la voz ante los criados que miraban la escena.
-Ya te lo dije, niña: voy a vivir aquí con mi hijo Patricio -me respondió con una arrogancia insoportable, acomodándose los puños de la camisa.
-Y yo ya le dije que no, que se fuera a un