Diego soltó una risita amarga, bajó la mirada al suelo de mármol por un segundo y luego me clavó esos ojos verdes suyos con una frialdad que me caló hasta los huesos:
-Una cosa es creerse la dueña, Juliana... y otra muy diferente es que lo seas realmente ante los ojos y el respeto de esta familia. No la tienes fácil.
Me quedé muda, con las palabras atascadas en la garganta. No lograba entenderlo; el tipo empezaba la conversación de lo más amable, parecía que quería tender un puente conmigo o