—Mamá… ¿por qué… yo soy la clienta!
—¡Haz caso!
Isabella, resignada, le devolvió el celular a Mateo y me miró con una sonrisa fría: —Señorita Lamberto, como diseñadora del vestido, le agradecería que asistiera a mi compromiso la próxima semana. Si hay algún problema con el vestido, sería mejor resolverlo de inmediato.
—Que tengas un buen día, no te acompañaré.
Hice un gesto de despedida: —El saldo restante debe transferirse a la cuenta que te proporcioné. Gracias.
...
Después de todo el ajetreo,