Emilia, con una valentía inesperada, dejó a Olaia y a mí sorprendidas.
Cuando vi que Isabella podía reaccionar, la tomé de la mano y la llevé conmigo.
—Que venga a por mí.
—Delia.
Emilia no mostró ningún miedo y se dirigió a Isabella: —Si no quieres el vestido, haz que Estrella salga. Ya no lo pruebes más.
—¡Ja!
Isabella se rio con desdén: —Qué graciosa. ¿Una simple empleada como tú se atreve a decir eso? ¿Sabes cuánto cuesta este vestido?
—¡Puedo comprarlo!
Emilia habló con determinación, infla