C62: La demanda.
Ámbar no se resistió. No hubo sobresalto ni vacilación en ella, simplemente se dejó llevar. Recibió el beso sin oponer la menor objeción, sin detenerse a pensar en el porqué, ni en las consecuencias, ni en lo que significaba ese instante. Su mente, por una vez, se apagó por completo, y solo quedó el cuerpo respondiendo a la calidez de aquel contacto. No sintió culpa ni desconcierto; lo único que experimentó fue una sensación profunda de alivio.
Los labios de Raymond se posaron sobre los suyos y