C61: Él eligió traicionarte.
Raymond permaneció en silencio unos segundos. Inspiró hondo, intentando calmar el pulso que le golpeaba en las sienes. No quería, bajo ningún motivo, ser la causa de que Ámbar volviera a angustiarse o a enfermarse. La sola idea de verla otra vez en una camilla, debilitada y con el semblante pálido, le revolvía el estómago. Pasó una mano por su cabello, despeinándolo con un gesto nervioso, y soltó un suspiro pesado.
—Está bien —murmuró finalmente—. No voy a discutirlo más. Pero dime, ¿porqué no