C52: Acuéstate conmigo.
El cuerpo de Ámbar reaccionó antes que su mente: quiso levantar los brazos, rodearlo, aferrarse a él. Pero justo cuando estuvo a punto de hacerlo, Raymond se separó lentamente, respirando con cierta dificultad.
—Lo siento —dijo en voz baja, evitando mirarla directamente—. Será mejor que… vaya a ducharme.
Sin añadir nada más, se dio la vuelta y salió del gimnasio, dejando a Ámbar paralizada. Ella permaneció allí, con el corazón desbocado y la mente en blanco, tratando de comprender lo que acabab