Vidal avanzó por los pasillos del hospital con el paso lento y errático de alguien que había perdido el rumbo. Sus hombros estaban caídos, tenía la mirada en el suelo, y cada movimiento parecía costarle un esfuerzo desmedido, como si el peso de lo ocurrido lo aplastara desde dentro.
Al doblar uno de los corredores, se encontró de frente con Margot. Ambos se detuvieron casi al mismo tiempo, sorprendidos por el encuentro. Margot percibió el estado en el que él se encontraba; no era solo cansancio, era una derrota visible incluso en su manera de respirar.
Aunque sabía que resultaba peligroso hablar con él en ese momento, Margot no pudo evitar hacerlo. Necesitaba confirmar lo que ya empezaba a sospechar.
—¿Ya salieron los resultados de la prueba de paternidad? —preguntó con cautela, observándolo con atención.
Vidal ni siquiera levantó la mirada. Su expresión era opaca, vacía, como si las palabras ya no tuvieran sentido para él.
—No quiero hablar de eso —respondió, dando un paso para conti