Raymond se encontraba desbordado por la ira, con los nervios tensos y el pulso acelerado por todo lo que estaba ocurriendo.
—¡No voy a permitir que te acerques a mi hijo! —exclamó él—. ¡Está en una incubadora! ¡Necesita estabilidad, tranquilidad! ¡No voy a dejar que lo perturben tus provocaciones ni tus absurdas exigencias!
Ante esas palabras, la actitud de Vidal se transformó de manera abrupta. El semblante altivo y desafiante desapareció de su rostro, sustituido por una expresión de preocupa