C218: No le pongas tu apellido.
—Imbécil. No te saldrás con la tuya —declaró Raymond—. Tampoco permitiré que te acerques a mi esposa. Y solo el personal médico puede estar cerca de mi hijo. Tú no tienes ese derecho.
Vidal no respondió. Su silencio no era señal de duda, sino de una seguridad casi insolente. Estaba convencido de que el resultado de la prueba terminaría favoreciéndolo, por lo que cualquier discusión en ese momento le parecía innecesaria. Su expresión permaneció inalterable, como si todo ya estuviera decidido.
El