C199: Ayuda, por favor.
Layla no podía creer lo que estaba ocurriendo. Su mente se negaba a aceptar la escena, como si la realidad se hubiese fracturado de manera abrupta y cruel. Durante un segundo deseó con todas sus fuerzas que aquello no fuese más que una pesadilla, una alucinación nacida del desconcierto. Sin embargo, el dolor que la atravesaba era demasiado intenso, demasiado preciso, demasiado físico para ser una ilusión.
Un gemido ahogado escapó de sus labios y, casi de inmediato, un hilo espeso de sangre brotó de su boca, manchándole el mentón y el cuello. El aire comenzó a faltarle, y cada intento de respirar le provocaba una punzada más profunda en el abdomen.
Alaska retiró el cuchillo del cuerpo de Layla con un movimiento seco, sin prisa, sin vacilación. El sonido húmedo de la hoja al salir de la carne resonó en la habitación con crudeza. Layla llevó ambas manos a la herida de manera instintiva, presionando con desesperación, como si con ello pudiera detener la sangre y el dolor que se expandía p