C174: Solo nos tiene a nosotros.
Las pupilas de Layla se contrajeron y el color pareció abandonarle el rostro.
—No… —susurró, intentando recomponer su voz—. No, no puedo aceptar esto, Raymond. ¡No lo haré!
Pero la decisión ya estaba tomada, sellada y ejecutada. Y él no estaba dispuesto a retroceder ni un solo paso.
El estrépito en el vestíbulo se volvió tan intenso que terminó resonando por toda la casa. Las voces se superponían, hasta que una tercera irrumpió desde la entrada del pasillo.
—¿Pero qué es lo que está pasando? —preguntó Margot—. ¿Qué es todo este escándalo?
Layla, que llevaba varios minutos al borde del colapso, ya no pudo sostener la compostura. Las lágrimas gruesas se deslizaron por sus mejillas sin detenerse, empapándole la piel como un río desbordado de angustia y desesperación.
Al ver a su tía, sintió que en medio del caos alguien por fin había aparecido como un refugio, como una presencia que podría tomarla de la mano y sacarla de aquella pesadilla.
Soltó un sollozo tembloroso, casi desgarrado, y