C173: No tienes perdón.
Raymond no se inmutó ante el temblor evidente en la voz de Layla. Permaneció de pie frente a ella, con el frasco aún en la mano.
—Negarlo no te servirá de nada —declaró—. Sé que fuiste tú, y no voy a retractarme. Esta es mi casa, y aquí soy yo quien decide quién se queda y quién debe marcharse. Tú te irás hoy mismo.
El papel de los análisis resbaló de los dedos entumecidos de Layla y cayó al suelo. Ella dio un paso adelante, desesperada, como impulsada por un reflejo visceral, y posó ambas manos sobre el pecho de Raymond, intentando aferrarse a algo que ya escapaba completamente de su control. Sus ojos, muy abiertos, brillaron con súplica.
—No… no, por favor, Raymond —balbuceó—. No me hagas esto. ¿Por qué me acusas de algo que no he hecho? ¡Jamás atentaría contra ti! Te lo juro… ¿Por qué precisamente me culpas a mí? Estoy segura de que no tienes ninguna prueba porque no he hecho nada.
—La prueba es tu conducta —respondió Raymond con firmeza—. Has estado hostigándome desde hace tiempo,