C160: Me confesó que está enamorada de mí.
Durante las semanas siguientes, una quietud inexplicable se instaló entre ambos. Vidal, que antes mostraba una insistencia casi asfixiante para solicitar nuevos obsequios, dejó de mencionar cualquier cosa relacionada con Ámbar. No volvió a sugerir flores, libros, dulces ni joyas.
Su silencio resultó tan abrupto que Raymond comenzó a sentirse inquieto. Era imposible no percibir la brusquedad con la que toda aquella dinámica había quedado en suspenso.
Una tarde, después de una práctica particular