Durante los días posteriores, Vidal comenzó a proporcionarle a Raymond pequeños fragmentos de información sobre Ámbar, como si cada detalle fuese una pieza esencial de un rompecabezas que él mismo había decidido armar.
Una tarde, mientras ambos se dirigían hacia la salida de la universidad, Vidal le habló con aparente despreocupación.
—Por cierto, a Ámbar le gustan las flores —comentó con ligereza—. Un ramo sencillo sería un buen comienzo.
Raymond se mostró incómodo. La idea de depender de un i