C13: La señora de la mansión.
Ámbar permaneció estática. Estaba perpleja ante la escena que tenía delante: Raymond abrazado con vehemencia por aquella mujer que lo llamaba prometido.
Margot, la madrastra, no tardó en notar esa inmovilidad.
—¿Por qué sigues ahí parada? ¡Vamos, muévete, muévete! —chasqueó los dedos frente a ella como si estuviera apremiando a una criada torpe.
Ámbar parpadeó, volviendo en sí de golpe. Se ajustó las maletas entre las manos y echó una última mirada. Raymond seguía allí, atrapado en el abrazo de