Vidal irrumpió su casa como un huracán. La puerta se cerró de golpe detrás de él con un portazo que retumbó en las paredes.
Alaska apareció desde el pasillo, sorprendida por el estrépito.
—Vidal, ¿qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar en la empresa a esta hora?
—Dime algo, Alaska. ¿Alguna vez Ámbar te habló de otro hombre? Cuando estaba casada conmigo… ¿Ella tenía un amante o alguna persona que le interesara?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Ámbar se casó. Acabo de verla vestida de novia y m