C110: No me importan tus promesas.
—Vidal, por favor, perdóname... —Alaska intentó resistirse, soltando súplicas, intentando aferrarse a la esperanza de que él cambiara de opinión, que comprendiera su amor, su miedo, su necesidad de permanecer junto a él.
Pero Vidal permanecía involuble. En ese momento, la soltó y cerró las maletas, asegurándose de que toda la ropa de Alaska estuviera dentro, sin ceder un solo centímetro de su autoridad. Con ambas maletas en mano, avanzó hacia la puerta, a lo que Alaska corrió tras Vidal.
—¡Vida