C108: Ya tuviste tu oportunidad.
Alaska se quedó petrificada. El golpe emocional fue tan súbito que el aire se le atascó en el pecho, dejándola sin aliento, sin voz, sin capacidad de comprender la magnitud de lo que él estaba ordenando.
—¿Qué…? ¿Me estás echando? —logró articular.
Vidal no retrocedió. Al contrario: sus manos se cerraron con más fuerza sobre los hombros de Alaska, obligándola a emitir un breve quejido de dolor, un sonido que él ignoró por completo. Acortó la distancia entre ambos, inclinándose hacia adelante ha