CAPÍTULO 20. Algo drástico
Angélica estaba sentada en el pequeño sofá de su casa con la vista perdida en el infinito espacio entre ella y sus chanclas. Le dolía el corazón por la situación tan vulnerable en la que se encontraba y en la que sin quererlo había puesto a su hijo. Le dolían los ojos de llorar, y le dolía la garganta de aguantarse todos aquellos gritos que tenía acorralados en el pecho.
Gianni por supuesto que no se había tomado nada bien la noticia de su despido y cuando su teléfono comenzó a sonar, Angélica