EXTRA. ¡Nadie se ha desmayado aquí!
—¡No me voy a desmayar! ¡No me voy a desmayar!
El sopapo en la nuca hizo que Leo se despabilara, y Gianni lo zarandeó por las solapas de la chaqueta mientras Angélica gritaba de dolor, y los médicos la animaban para que aquella bebé terminara de salir.
—¡Tú no te vas a desmayar! ¡Yo no me voy a desmayar! ¡Nadie se va a desmayar aquí! —le dijo con vehemencia hasta que escuchó aquellos chillidos estridentes de su hermanita.
Los dos se giraron para ver a la bebé recién nacida, y los enfermeros det