CAPÍTULO 19. ¡Muy mal hecho, muy mal hecho!
Aurelio sentía que estaba en el borde del precipicio y rogando por caer. Había conocido a muchas mujeres locas en su vida, pero no supo por qué aquella pequeña pelirroja tenía algo especial. A lo mejor el reguero de pecas en su cara, o a lo mejor era aquella actitud demandante que parecía lista para darle cinco nalgadas a cualquiera que se le pasara por delante… Lo cierto era que con un pañuelo no le alcanzaría, quizás con una sábana le alcanzara para limpiarse la baba que se le estaba saliend