CAPÍTULO 21. Una carta inesperada
Leo tenía que reconocerlo, a pesar de que teóricamente era un adulto crecidito, maduro e inteligente, no podía evitar regodearse con el simple hecho de ver al gusano de Federico Gentile temblar frente a él.
Estaba muy claro de que su padre era un hijo de puta que había despedido a Angélica sin molestarse en averiguar si realmente tenía la culpa o no de lo que estaba pasando, pero también conocía al viejo lo suficiente como para estar seguro de que no cometería ni un solo error que lo pusiera en