Angélica miró a su hijo con cara de “¿Qué demonios?”, pero la expresión realmente épica era la de Leo, que parecía tardarse aún un poco en procesar aquella noticia.
—¿Es en serio? ¿Es en serio, ángel? ¿¡Tenemos un gusanito ganador!? —preguntó mientras llegaba hasta ella y la abrazaba por la cintura—. ¡Dime que no es una broma, por favor!
—No, amor, claro que no es una broma, simplemente se suponía que te daríamos la noticia de una manera más bonita —suspiró ella torciéndole los ojos a Gianni, s