De pie frente a la entrada de la casa de la manada, escuchando música a todo volumen desde el interior y viendo a la gente entrar y salir, el corazón de Leila late lentamente, se mira en el espejo de las puertas y se pregunta si debería haber cumplido con la invitación.
Últimamente, no pierde de vista a Amara, se supone que iba a matricularla en la escuela, pero en lugar de eso la está educando en casa. Su miedo crece cada día y al final tiene que hacer algo al respecto.
La única razón por la